DECENAS DE POLICÍAS ARMADOS RODEARON A LOS TRABAJADORES MUNICIPALES

Un despliegue intimidatorio

La protesta que llevan adelante los trabajadores municipales tiene custodia policial.

Desde la instalación de la carpa se advierte un incesante movimiento de personal de la fuerza de seguridad provincial. De manera evidente con presencia en las proximidades, policías uniformados hacen su “habitual” caminata de observación y otros de civil, fotografiando o filmando el movimiento de los trabajadores que permanecen allí a la espera de una resolución de la discusión salarial que ya lleva cuatro meses.

Extraña el celo del control permanente para una situación de absoluta calma y sin asomo de resultar una hipótesis que confirme tamaño operativo.

Pero parece ser el signo de los tiempos que corren y la condición que le espera a cualquier protesta callejera. Mucho más, cuando se trata de trabajadores que reclaman al gobierno municipal a las puertas mismas de sus oficinas administrativas.

Presencia policial intensificada en su número y frecuencia como parte de una estrategia de intimidación que sume factores de disuasión, para que los trabajadores movilizados se vayan a sus casas y los otros no intenten sumarse solidariamente.

Y cuando la protesta da alguna alternativa, una variante en su modalidad como la quema de cubiertas o la persistencia de un sonido de altavoces, allí están decenas de uniformados y otros que no, exhibiendo armas largas en grupos de expectativa, como esperando una orden de actuar para reprimir. En los alrededores y aun en los patios municipales, móviles y vehículos antimotines se apostaban sin disimulo como apoyo a la infantería desplegada.

Eso sucedió el último jueves por la mañana y el Paseo Jesús Mendía se pareció a un escenario de guerra inminente.

Los trabajadores esperan en paz, respuesta a su reclamo de sueldos dignos y un aumento anual que proteja de una inflación a esta altura imponderable.